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domingo, 16 de abril de 2017

¡10 años!

"Lo que no se registra, no existe"

Empiezo con esta frase que se la escuché hace poco al Hermano Pablo Iván Galvis. De eso se trata este blog: de registrar todas esas historias vividas en carne propia. Quizás cuando empecé este espacio pensaba en esto de otra manera, como un intento de expresar al mundo lo que no era capaz de decir a viva voz. Quería dar opiniones, contar relatos, dejar legados para dos mundos tan diferentes pero con tantas cosas en común. Era mi vida de colegio, luego mi vida de universidad e incluso después un pasado que sigue muy latente en el presente. (Y por qué no decirlo, es un presente muy vigente!)

Hace diez años, después de una escuela de animadores, me sentía muy lasallista y muy amigoniano. Era un orgullo muy grande que quería expresar al mundo y entonces quise aprovechar la puerta de entrada que en ese entonces representaban las redes sociales. Claro está: este blog fue primero en mi vida que una cuenta de Facebook o de Twitter. Hoy en día, gracias a ese auge de las redes es que este blog quedó ahí guardado, para que todo aquel que quiera encontrar una historia o un punto de vista sobre algo que pasara en un momento puntual lo tuviera disponible para leer.

Quién iba a creer que después de tanto tiempo, este blog es de las pocas evidencias escritas que existen sobre dos historias pastorales. Claro está, a nivel de La Salle es mucho más lo que hay escrito pero a nivel Juvam nunca vi algo parecido. Y precisamente por quedar esto de forma escrita, han sido varios los que me han consultado a lo largo de estos años para preguntarme por las historias que se encuentran aquí. Alguna vez ayudé a Pilar, una joven de Manizales a hacer un proyecto de su carrera sobre Juvam. En otra ocasión ayudé a escribir un texto sobre uno de los centros de proyección del Instituto Técnico Central, mi colegio. Ahora recién me consultan de vez en cuando, aunque no mucho porque no tengo mucho que aportar, para ayudar a escribir la historia del grupo Lazos de egresados de la pastoral del colegio.

Recién esta semana que acaba de terminar tuve la oportunidad de realizar un viaje para encontrarme a mí mismo. Un viaje que en gran parte sirvió para hacerle homenaje a tantas aventuras vividas a lo largo de 10 o incluso más años de vida pastoral. Estuve en el sur del continente y, entre otras buenas anécdotas, pude visitar a un lasallista y a varios amigonianos. Recordé muchas experiencias, hablamos del pasado y del presente, así como compartimos la vida como debería ser siempre entre quienes hemos vivido juntos algo de esa vida pastoral.

10 años no se celebran todos los días. Y preciso hoy tengo la oportunidad de hacerlo. Son 10 años de celebración no para mí sino para todos aquellos que han sido parte directa de los relatos contados aquí.

¡Feliz Cumpleaños!

viernes, 30 de diciembre de 2016

Desde la barrera

¿Qué dijeron, que este blog murió? ¿Y me iba a quedar sin escribir en 2016? ¡Ni de riesgos! Pero en fin, comencemos.

Qué diferente se siente estar fuera de un salón de clase.

Qué diferente es la sensación de no estar en un campamento, en un encuentro, en una reunión semana a semana con personas que tienen las mismas motivaciones que tú.

Pero cuando quisiste dejar un mensaje o un legado, te muestras contento cuando hablas con personas que siguen en esas andanzas y te das cuenta que allí quedó algo. Y cada vez que escuchas sus historias, te sientes otra vez en el campamento o en el encuentro. 

Aún con esta alegría, no estás allí. Esa es mi situación ahora. Se fue la vida universitaria y con ella llegó la vida laboral. La maestría me fue sacando de a pocos de la Juventud Amigoniana, sin quedar con más contacto que las fotos en redes sociales. Y de la comunidad que me había despegado un poco, la pastoral lasallista, la logré reconectar a mi vida desde una misión que describí aquí y que siguió de largo todo el 2015 gracias a mi tesis de maestría. 

Llegó el 2016, el año en el que me tocaría ver, ahora sí, la vida pastoral desde la barrera. Pudo no ser así; tenía la opción de elegir ir a Cracovia a la JMJ por cuenta propia pero por razones varias preferí tomar una aventura que me llevaría nuevamente hasta Rio de Janeiro, aventura de la que no me arrepiento y que me dejó otro tipo de enseñanzas y amigos.

¿Qué vi en la barrera? Espero equivocarme en lo malo y acertar en lo bueno. Empecemos por JUVAM. De la grata juventud amigoniana en Colombia no supe nada en los primeros nueve meses del año. Me preocupé de la falta de información en redes sociales, de no ver gente conocida comentando sobre futuras reuniones. Podían ser varias cosas: que la gente que yo conozco había salido del movimiento, que todas las comunicaciones se estaban manejando por otras rutas o que realmente todo había decaído. El hecho de ver apenas a una representante de Colombia en la JMJ (Sí Pili, hablo de ti :P) me hizo pensar más en la última opción.

Pero estando en Rio me enteré de que habría otra acampada, que Juvam estaba vivo y que no había razones para pensar que no lo estaba. La acampada fue en octubre, en el Peñol (Antioquia), el mismo lugar de aquella acampada mágica que viví hace ya casi 10 años y que pude reseñar aquí. Lo que no me dejó tan contento fue no ver rastros del Juvam de Bogotá. Y aquí es donde pongo mi preocupación.

Ahora hablemos de la pastoral lasallista. En este caso, solo hablo de lo que conozco, el grupo de egresados de mi colegio. Este año pude enterarme de una buena idea: están escribiendo la historia del grupo y para ello han querido reunir a la gran mayoría de los que han participado de él. Me he metido en el trabajo de ellos en varios momentos y realmente han estado juiciosos. Pero en ese trabajo he visto a muy pocos de los que hoy, se supone, están activos.

¿No les interesa conocer historia y dejar legado? ¿Qué le interesa al grupo de hoy? ¿Realmente entienden el objetivo del grupo, de una pastoral? Comentarios que van y vienen de gente cercana me dan la impresión de que el camino se ha perdido. Y si la gente que hoy en día lidera la pastoral quiere poner otros objetivos, no lo tienen tan claro y no están pensando en el bienestar de los muchachos a los que se lidera y del mensaje que se le quiere dejar a la sociedad.

Esto es solo una visión personal, así, desde la barrera y sin estar metido de lleno en el trabajo pastoral. Hasta una próxima. Feliz año!   

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Una década de símbolos

Soy un amante de los símbolos. Creo que la acción pastoral se mueve mucho en torno a ellos. Aún más: gira en torno a hechos, a detalles aparentemente insignificantes que dan significado a la vida. Cada quien que ha asistido a un evento, un campamento, una reunión, que ha escuchado una reflexión, una homilía o algo por el estilo guarda un símbolo que le recuerda algo poderoso. Algo que le hace recordar que la vida tiene sentido o, al menos, que ese preciso momento en que se obtuvo el símbolo tiene sentido. No se adora el símbolo por sí mismo. Se añora la razón por la que se tiene. Se ama al significado del símbolo.

El símbolo por excelencia: la cruz. Aquella que recuerda a un héroe que ofreció su propia vida por personas que ni conocía. Aquella que refleja a una persona que nos presentó un estilo de vida basado en el respeto al otro. Cada quien que ha hecho parte de un círculo pastoral guarda al menos una cruz, aquel símbolo que también le recuerda la identidad que ha decidido asumir.

Una pastoral sin símbolos es una pastoral que olvida su esencia, es un simple conjunto de personas que actúa sin historia. Un grupo de gente que actúa como una organización sin ánimo de lucro y ya. Un grupo que quiere actuar sin dejar huella. El símbolo es garantía de marcar esa huella, de permitir que la hoja en blanco que muchas veces somos nosotros no permanezca en blanco.

Como bien lo decía, un símbolo no es sólo un objeto. También puede ser algo intangible. Una fecha, por ejemplo. Una fecha simbólica como hoy, 15 años exactos después de hacer mi primera comunión, un 9 de septiembre del año 2000. Quise escoger un día como hoy, precisamente simbólico, para escribir de nuevo. Escribir hoy tiene sentido para recordar otro número igualmente simbólico: 10 años de acción pastoral. Una década cargada de muchos eventos significativos, en especial dos que vale la pena conmemorar desde lo personal.

El primero de ellos, la entrada a una comunidad juvenil: aquel espacio que te abre las puertas de un mundo que se imaginaba desde fuera como algo diferente. Vivir la fe con autenticidad, siendo uno mismo y sin necesidad de cambiar. Saber que la fe no se trata de solo "camandulear" (1), como se diría en Colombia, es algo que aprendí allí. Puedes tener fe jugando, cantando, bailando, viajando, demostrándole a otros que hay razones por las que vale la pena vivir. Finales de agosto de 2005, un 19 si no me falla la memoria. Comunidad Alma, del colegio Santa Teresa de Jesús, la primera que me brindó la oportunidad de pertenecer a un conjunto de personas. Allí empezaría el ser amigoniano.

El segundo evento, una acampada. 23 al 25 de septiembre de 2005, si tampoco me falla la memoria esta vez. Tan remota pero también tan cercana como en la zona rural de un pueblo llamado Cunday. Allí conocí que había más gente comprometida por una causa. Más gente que vivía la fe con juegos, bailes, carreras y más cosas que se pueden vivir en un campamento. ¿Qué guardo de ese momento? Un símbolo, precisamente. Una camiseta, la primera con la que me pude sentir como parte de una comunidad. No es la camiseta en sí lo que importa, es lo que significa: aquellas noches de dormir en carpa con gente hasta entonces desconocida, caminatas, reflexiones, conocer historias y gente valiosa. Hay más símbolos que aparecieron desde entonces, pero en especial quería recordar éste.

Los símbolos importan cuando les das sentido y no se pierde de vista el porqué de su existencia. A cada quién le invito a preguntarse: ¿Qué símbolos tienes? ¿Qué significan para ti? Aún algo más importante: ¿A qué te inspiran?


(1) Según el diccionario de la RAE, camandulear significa "ostentar falsa o exagerada devoción". Sería más en esa acepción.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

De misión, una vez más



Ha sido un año duro, en el que la acción pastoral ha sido más bien poca. Apenas estar en la Pascua Juvenil Amigoniana de Semana Santa puede ser señal de deber asumir un nuevo paso en la vida que signifique tomar retos y horizontes diferentes.

No obstante, se presentó una oportunidad de hacer de nuevo eso que me agrada, pero distinto a la vez, sumado al deseo de tomarme unos días de reflexión apartado del mundo. Una misión navideña. Sí, un momento en el que fuera capaz de regalar un poco de mi tiempo al servicio de otros para hacerles sentir bien, alegres, en compañía de un Dios que jamás les abandona.

Cuando vi por ahí la llamada a "adultos responsables" para acompañar un trabajo en Ricaurte, departamento de Cundinamarca, no lo pensé dos veces. En lo personal, era un momento que sabía que era necesario tomar. Y vaya que lo fue.

Estar alrededor de personas con el mismo propósito, ahora de menos edad que uno, fue una experiencia interesante y que llena de mucha alegría. Compartir con gente distinta y aprender de una cultura de la que sueles estar alejado, aunque geográficamente estés cerca, sirvió para crecer.
El pesebre de la casa donde me alojaron
Fue mucho lo hecho, pero bastante lo que faltó. Aún así, fue agradable. Visitar casas con la intención de alegrarle un rato a la gente fue una de las cosas que se hizo todos los días. Orar por enfermos necesitados de algo de calma fue duro. aunque cada vez que yo charlaba con estas personas mostraba una calma que ni me creía. Hablar con los niños dejó anécdotas interesantes, preguntas que ni te imaginas o recordar momentos de hace muchos años. Incluso, charlar con jóvenes, aunque fuese en pocas ocasiones, deja ver que ellos tienen espíritu de ser alguien en la vida aunque el contexto sea difícil. Los ratos de novenas de navidad dejaban ver a un pueblo que, a pesar de crecer cada día más y de que la gente deje de conocerse como era hace un tiempo, sigue con la idea de integrarse en torno a una ocasión especial.
Novena en la vereda
Por otro lado, me deja satisfecho saber que hay personas que creen en la idea de hacer trabajo autónomo para construir sociedad, o en otra forma, construir Iglesia. Como juventud, somos capaces de crear y brindar oportunidades al mundo. Que no se nos olvide. 
Niños...
PD1: Me queda agradecer a la Fundación Lazchelas por la oportunidad de participar en esta misión. Hace un rato sabía de este proyecto y tenía algo de curiosidad por conocer su enfoque de trabajo. Hay coincidencias...

PD2: ¿Renacer? El tiempo y la tesis de grado de maestría lo dirán.

domingo, 27 de julio de 2014

Rio 2013:1 año después

Domingo 28 de junio. Copacabana. El escenario central.
Ya hace 12 meses acabó la aventura. Recuerdos, experiencias, lugares, personas, mensajes en la Ciudad Maravillosa quedaron grabados en la mente de este bloguero y en la de muchas personas más. Y hoy quiero tomarme el atrevimiento de revivirlo, aunque sólo un poco, mencionarlo todo daría para muchas historias y no me quiero alargar, aunque es algo inevitable. Merece la pena.

La JMJ de Rio la sentí propia. Era en mi continente, en un país con una cultura similar a la mía, y además con el añadido impensado de un papa latinoamericano. Alguien que desde el primer momento demostró cercanía con los jóvenes. Alguien que habló en un lenguaje cercano y directo, aunque retador para todo lo que nos esperaba en el viaje de regreso. Cómo olvidar un momento así.